Las entrevistas y las ruedas de prensa no tienen por qué ser un ejercicio traumático para el/la entrevistado/a. Por el contrario, deben ser vistas como una oportunidad para trasmitir los mensajes que se deseen a la opinión pública. En algunos casos, se trata de un deber ante la necesidad del público de obtener información que sólo un experto puede aportar.
Atender a las preguntas de una entrevista no es un terreno reservado sólo para experimentados, sino que cualquier persona, con cierta preparación y entrenamiento, puede afrontarla con éxito.
El secreto, como en muchas otras cosas, es una correcta preparación y un adecuado entrenamiento.
Los derechos de un entrevistado son los de cualquier persona. Cada entrevistado tiene un auténtico poder en exclusiva: ¡ser el único dueño de sus respuestas!