Mirasol es una empresa de confección cuya ventaja competitiva es la entrega en plazo de cada colección a sus más de 8.000 clientes repartidos por el mundo. El aumento de clientes en zonas lejanas le obliga a anticipar la salida de mercancías de su almacén central dos meses, pasando de disponer de un periodo de 8 meses para diseñar, vender y producir a tener que hacerlo en seis. Este reto les conduce a replantearse sus operaciones mediante el rediseño y la colaboración de los departamentos involucrados. Pero no será suficiente. Se verán obligados a lanzar antes la fabricación y alejarse de su filosofía de producción bajo pedido. El desarrollo de una herramienta de previsión de ventas puede ayudarles a disminuir los riesgos, pero no parece tarea fácil.